El arte en la sociedad

Ninguna sociedad, por rudimentaria que haya sido, ignoró el arte, según palabras del his­toriador francés de la cultura, Salomón Reinach. Existe en fundamento algo en los tatuajes estrambóticos con que los hombres primitivos cubren su cuerpo, así como en el esfuerzo que éstos hacen para dar una determinada forma al mango de su hacha o de su cuchillo. Existe también en manifestaciones poéticas y musicales, muchas de las cuales se perdieron, pero algunas de las cuales han llegado hasta nosotros en los pueblos que siguen hoy en situación de primitivismo. El elemento artís­tico, ya vaya unido a la utilidad, ya exista él de por sí, es siempre un producto de la actividad del hombre. Así, dice el ilustre sociólogo cubano Roberto Agramante: es raro el grupo social, por primitivo que sea, en el que no exista alguna manifestación artística, ya sea en las bellas artes, o dentro de las artes útiles o industriales, como en los bellos ejemplos de cestería india, de tejidos, de cerámica, que aúnan lo bello con el valor práctico.

Se han presentado muchas teorías sobre el origen primero del arte, pero ninguna de ellas parece satisfactoria. Con acierto el Dr. Mendieta y Núñez dice que: el arte, como todo fenó­meno social, es esencialmente complejo. Según Mendieta, el arte surge en las sociedades humanas por virtud de una feliz conjunción, a través de múltiples experiencias, del medio externo sobre la conciencia del hombre, cuya superabundancia vital en momentos de ocio, des­pierta en él la intuición creadora que se expresa en los diversos modos del arte.