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Desfilan así ataviados: una rara y original mezcla de indio yanqui, toba y bailantero. Llevan nombres de etnias del Chaco y Los Andes, como "Los Inkas", "Los Siancas", "Los Tobas Cobrizos". Cantan coplas tristes añorando el carnaval y las acompañan con un ritmo que son tres golpes de tambor por compás, en tiempo cadencioso. Cada nota hace retumbar los cimientos del mundo; sus coreografías pesadas, lentas, de machado, se cortan de repente con un estridente pitido de silbato: el cacique desata un frenético punchi que se toca dando saltos acrobáticos y amenaza las cabezas de los espectadores con el vaivén de los gorros mayores que zafan de desplomarse solo por la habilidad del bailarín.
Leyendo sobre estas cuestiones en Internet, encontré la declaración de un legendario cacique de los Tobas Cobrizos, campeones históricos de la Ciudad de Embarcación. Consultado por el nombre de la comparsa, Cocho Flores, uno de sus fundadores, contaba a un periodista:
El toba viene a ser una raza, pero nosotros lo tomamos de otra forma: es el hombre que sale con muchas plumas de suri. Era un nombre, no había una razón, había que tomar un nombre para la comparsa. Un locutor reclamó que tienen que tener nombres las comparsas. Entonces ahí nosotros le pusimos "Los Tobas Cobrizos".
La remata para el campeonato:
El nombre del "toba" es una equivocación de uno, porque yo soy mataco, no soy toba, no es mucha la diferencia, pero en ese momento uno no entendía, y cuando ya entendimos fue difícil borrar "Los Tobas", ya estaba puesto. 0 sea que ahora son "Los Tobas Cobrizos".
Más sobre las comparsas de indios, acá.
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