Abril del 2007


Costumbres Argentinas: Un bondi para safar


         Ya no sorprendería a nadie enterarse que en el cráneo de un argentino las ideas entran a presión. En realidad la cuestión está bastante documentada y a casi nadie le caben dudas de que es así. Sólo basta apretarle un poco el cinturón para que aflore a través de sus pensamientos un criollo McGiver, capaz de saciar su hambre o mejorar sus finanzas de la mano de una buena idea. Si esas no son ideas a presión, yo no sé lo que son.

Por ejemplo, allá por el ´28 se presagiaba que el buque de la economía mundial se iba a pique y que las esperanzas de la Argentina descansaban en algún camarote de proa. El poder adquisitivo de la gente disminuía rápidamente; las familias argentinas comenzaban a recortar gastos y fue el taxi, transporte individual -por ende de lujo- el primero en sufrir las consecuencias. Hubo que poner las neuronas en movimiento.

            Afortunadamente los taxistas son especialmente aptos para la supervivencia. En Argentina se los reconoce dueños de una argentinidad elevada, potenciada; aunque a veces expresiones como estas tengan connotaciones sino negativas, no del todo positivas. La leyenda cuenta que, reunido en un bar de Villa Luro o Floresta, se le ocurrió a un grupo de taxistas la idea de multiplicar por cuatro el cupo de pasajeros dentro de cada coche, disminuir la tarifa individual a un cuarto de su valor original, hacer recorridos fijos (Por ejemplo: de Caballito a Plaza de Mayo) y arrancar apenas la capacidad del coche esté colmada. De esta manera quedaba inventado el bondi y, tanto pasajeros como chóferes o propietarios, ajustaban sus cinturones, bajaban sus pretensiones de lujo o comodidad, pero obtenían un indudable beneficio económico.

Con los años el crecimiento del emprendimiento llevó a ampliar la capacidad de los coches, mejorar los recorridos y adoptar cualquier medida que tendiera a consolidar el éxito del nuevo transporte. En el medio se suscitaron incontables conflictos: en primer lugar entre las distintas líneas de taxi-colectivos que proliferaban y competían a brazo partido entre si y, en segundo término frente a los tranvías, que consideraban al autobús como competencia desleal y lo combatieron todo lo que pudieron. El obvio triunfador en esta historia es el colectivo –sino no estaríamos hablando de él ¿verdad?- que, como todo lo que aspira el aire del Riachuelo, se aporteñó, se cubrió de fileteados y luego, cuando su uso se hubo extendido a través de todo el mundo, se modernizó y globalizó mirando hacia el norte, como casi todo en Argentina. Para no ser menos ¿vistes?


Aviso y recomiendo: La imagen la saqué de acá.

Fileteado porteño: adornado a la argentina

    
 El fileteado se instaló en el corazón de los porteños como una
enredadera que aprovecha cada recoveco, cada protuberancia para
exhibir su forma y color. Inmortal, por épocas floreciente y espesa,
por momentos marchita y escuálida pero siempre presente, bien
enraizada y firme. Si no lo encuentra en el ámbito popular, adornando
el bondi, los carros o un bar es porque se escondió a pasar el invierno
en la vanguardia del arte y se vistió de planta exótica, como un clavel
del aire que se adhiere a las pieles de quienes renuevan la nostalgia
por un pasado que si bien es añorado, se recuerda triste y solitario.
 


El fileteado es la manera argentina de ornamentar. Se trata de un sinnúmero de líneas y dibujos que se mueven en todas direcciones: se enredan, se anudan y se extienden cubriendo grandes superficies; generalmente enmarcando un texto escrito igualmente desfigurado. A fines prácticos puede compararse con lo que cualquier mortal hace cuando, invadido por un también mortal aburrimiento, anota un número o nombre en un papel y empieza  a dotarlo de extrañas formas estirando sus trazos, adornando sus extremos, complementando los espacios en blanco, agregándole formas breves, parecidas a tallos de plantas enredaderas.

 El génesis del fileteado aparece tan oculto como el de los mejores inventos argentinos, cuyas explicaciones más difundidas provienen de un caldero condimentado de mitos y leyendas románticas hasta empalagar. En orden: la verdadera identidad de Gardel (Aún se discute si fue argentino, uruguayo o francés), la primera elaboración de dulce de leche y el fileteado. Lo cierto de esta historia es que no se le conoce padre, madre, ni fecha exacta de nacimiento. Se dice que apareció en una fábrica de carros a comienzos del siglo XX, trasladado de la obsesiva mente de uno de los tantos inmigrantes italianos que poblaban Buenos Aires directamente hacia la monotonía gris de un carro, vehículo de su posterior difusión. Comenzó como lo hace un árbol: extendiendo una delgada línea con claras intenciones de ramificarse, de producir hojas y con ellas sombra, de dar sus primeros frutos.

Luego de un tímido primer paseo por las calles de la ciudad se reprodujo al infinito, animando cuanta carrocería se le cruzara, cuanta pictografía tanguera se asomara y cuanto barcito de esquina se topaba. Cuando quisieron darse cuenta, los porteños lo tenían asimilado, lo canturreaban por lo bajo casi sin darse cuenta de su existencia. Con la misma inocencia consagraron a artistas como Cecilio Pascarella, Vicente Brunetti y Salvador Venturo, los pioneros de este arte, que enseñaron a sus hijos el oficio para que lo que ya era una tradición, nunca muriera.

El transcurso del siglo imprimió a la ciudad otros aires en los que el fileteado encontró la forma de seguir vigente, adquiriendo su modalidad más difundida y reconocida en el transporte público. Camiones, pero por sobre todas las cosas los ómnibus levantaron el estandarte del fileteado y lo exportaron al mundo. Era, sin lugar a dudas, una exacerbación de la argentinidad, un invento argentino sobre otro.

Pronto la primavera del fileteado llegó a su fin: el mismo siglo que lo había visto nacer, se lo devoraba a medida que el mundo se globalizaba y la modernidad adquiría dimensión y carácter monstruosos, a la manera que sucede en nuestros tiempos. Los autobuses empezaron a aparecer uniformados, manteniendo colores llamativos, pero ahora enmarcados en formas geométricas, paneles sin textura y números normalizados. Y fue entonces cuando el fileteado fue dejado de lado y hasta proscrito.

El comienzo del siglo XXI lo rescató gracias a la nostalgia, que tanto ha hecho por la identidad porteña, a través de un puñado de artistas que lo llevaron a la vanguardia del arte, a caballo de géneros que distan años luz de los originales como el body painting o el tatuaje.

Ya desarraigado del entorno popular, se ha vuelto objeto de culto y admiración, despertando la curiosidad de quienes no conocen su historia y la buscan afanosamente en los más tradicionales rincones de Buenos Aires.

El nuevo mundo

¿Has oído hablar de los encantadores de serpientes? Daniel el profeta permaneció en la fosa de los leones y éstos no lo devoraron. Por el contrario, él los domó. Los hombres pueden encantar serpientes y domar leones. Mussolini tenía dos tigres en su despacho. Los había domesticado. Los hombres pueden domar a todos los animales salvajes. Pero desde hace algún tiempo, una especie nueva de animal ha aparecido en la superficie del globo. Esa especie tiene un nombre: el ciudadano. No vive en los bosques, ni en la selva virgen, sino en los despachos. Sin embargo, es más cruel que cualquier animal salvaje de la selva. Ha nacido del cruzamiento del hombre con las máquinas. Son de especie bastarda, y sin embargo, componen la raza actualmente más poderosa en la superficie de la Tierra.  Su rostro se parece al de los hombres, tanto, que con frecuencia se llega a confundirlos con ellos. Pero poco después se da uno cuenta de que no se comportan como hombres, sino como máquinas. En lugar de corazón tienen cronómetros y su cerebro es un engranaje. No son máquinas, pero tampoco hombres. Sus deseos son los de los animales salvajes. Así son los ciudadanos… Extraño cruzamiento que ha invadido el mundo entero.

(de) La Hora 25 - Constantino Virgilio Gheorghiu  - Libro concebido aproximadamente en 1940

Vivir en una Burbuja

Andando por los Valles Calchaquíes, hace cosa de un año, me topé con un personaje muy especial: El Padre Alfredo, qué está a cargo de la Iglesia de Cachi. En esta región hubo hace dos siglos, una encarnizada resistencia ante el avance de la conquista española. Historias verdaderamente trágicas y conmovedoras como el traslado de poblaciones enteras a distancias de más de 1.500 kilómetros. Uno pensaría a priori que el religioso de esta comunidad es un ejemplo de tolerancia. Uno pensaría tantas cosas...

¿Cómo es la comunidad religiosa acá, en Cachi?

La comunidad acá, en los Valles Calchaquíes es muy religiosa, hay mucha devoción; están estructurados así, tiene una cultura religiosa que viene desde antes de los españoles. Su relación con Dios, con la naturaleza, viene de su cultura anterior. Cuando vos venís de las grandes ciudades –como yo, que vengo de Córdoba- notás la diferencia con la cultura acá, en los pueblos. La estructura mental del Europeo tiene una relación menos natural con su fe, es más cultural. En ese sentido hay mucha cercanía con lo religioso, la oración, la vida sacramental, la misa; la gente asiste, participa de todo tipo de participación religiosa.


¿Cómo se articula eso con las creencias antiguas? Por ejemplo los ritos de la
Pachamama.

Eso surgió hace unos años por la cuestión turística, alguna gente que está relacionada con las cuestiones indigenistas (sic). En realidad la gente, toda la gente de acá, tiene un profundo respeto por la naturaleza, la madre tierra. Es una cuestión ancestral, pero no hay una religión ni cuestiones de sacrificios.

Te decía que hay una vuelta, promocionada por esta gente; y vienen turistas y se usan disfraces –porque la gente no se viste así-, es una cuestión que ni siquiera es folklórica. De fondo está el respeto por la Pachamama, como un profundo respeto por la tierra y las leyes de la naturaleza. Uno escucha la gente decir, cuando sube la montaña y se apuna, que la pacha se enojó, como si estuviera viva; pero no en un sentido de religiosidad, de culto. Este tipo de cosas se han integrado a la cosmovisión cristiana: la pachamama, los muertos, la feminidad.

¿Y al interior del hogar, se celebra?

Acá en Cachi no tanto, pero si está la costumbre de incensar, el sahumado, para echar los malos espíritus. La gente lo hace, pero fijate que el incienso también es una costumbre cristiana; es otro ejemplo de cómo las cosas se van mezclando pero sin oposición, no es sincretismo.

 ¿A qué llama sincretismo?

A la mezcla de cosas que se superponen, distintas costumbres. Por ejemplo el Umbanda, que mezcla los santos católicos con los ritos africanos. Esto no es sincretismo, es una integración armónica, sin contradicciones que por ahí son inherentes al sincretismo.

Habla de continuación, de naturalidad en los procesos ¿Existe también el conflicto?

Puede ser que en algún tiempo haya habido cosas que estaban en conflicto. Pero ahora no…

Linkerío y Noterío.
* En la foto, el edificio de la derecha es el Museo de Cachi, donde se desempeña Antonio Mercado.
* Más sobre la Iglesia de Cachi.


Las cosas del Carnaval

         En los carnavales del Norte Argentino (tengo que aclarar, ahora que somos internacionales), especialmente en los de ciudades y pueblos del Chaco y Yungas, existe un tipo de comparsa muy especial: Las comparsas de indios, que se ven más o menos así:

Desfilan así ataviados: una rara y original mezcla de indio yanqui, toba y bailantero. Llevan nombres de etnias del Chaco y Los Andes, como "Los Inkas", "Los Siancas", "Los Tobas Cobrizos". Cantan coplas tristes añorando el carnaval y las acompañan con un ritmo que son tres golpes de tambor por compás, en tiempo cadencioso. Cada nota hace retumbar los cimientos del mundo; sus coreografías pesadas, lentas, de machado, se cortan de repente con un estridente pitido de silbato: el cacique desata un frenético punchi que se toca dando saltos acrobáticos y amenaza las cabezas de los espectadores con el vaivén de los gorros mayores que zafan de desplomarse solo por la habilidad del bailarín.

Leyendo sobre estas cuestiones en Internet, encontré la declaración de un legendario cacique de los Tobas Cobrizos, campeones históricos de la Ciudad de Embarcación. Consultado por el nombre de la comparsa, Cocho Flores, uno de sus fundadores, contaba a un periodista:

 El toba viene a ser una raza, pero nosotros lo tomamos de otra forma: es el hombre que sale con muchas plumas de suri. Era un nombre, no había una razón, había que tomar un nombre para la comparsa. Un locutor reclamó que tienen que tener nombres las comparsas. Entonces ahí nosotros le pusimos "Los Tobas Cobrizos".

 La remata para el campeonato:

 El nombre del "toba" es una equivocación de uno, porque yo soy mataco, no soy toba, no es mucha la diferencia, pero en ese momento uno no entendía, y cuando ya entendimos fue difícil borrar "Los Tobas", ya estaba puesto. 0 sea que ahora son "Los Tobas Cobrizos".

 Más sobre las comparsas de indios, acá.


La nota citada pertenece a Santos Vergara, escritor de Orán y se puede leer completa en el portal Norte del Bermejo, http://www.nortedelbermejo.com.ar/

Esta hinchada tiene aguante.

     En países como el mío, cuando la gente se junta es una fiesta. Las multitudes son cosa cotidiana y no asustan a nadie. Nos juntamos en la cancha, en los recitales, en carnaval, en año nuevo; nos juntamos para festejar y para protestar, nos juntamos para reír y para luchar y para llorar.
    En América Latina, cuando la gente se junta, es una fiesta. No nos cuesta entender la noción de espectáculo, solamente no nos gusta. Algunos la aprovechan y está bien: el resto nos aburrimos. Nos gusta la fiesta, nos gusta la comunicación, nos gusta la comunidad. Nos encanta amontonarnos y cantar juntos, transpirar y saltar, reirnos y llorar y hacer todas las cagadas que se pueda. No somos violentos ni somos animales, nos gusta distinto y lo hacemos mejor que nadie, festejamos mejor que ninguno.
    Acá nos juntamos y hacemos fiesta del fútbol y de la música. Cuando hay un partido, por más importante y definitorio que sea, cantamos y saltamos todo el partido y, de vez en cuando, miramos lo que pasa en la cancha. Cuando hay un recital, cuando un artista nos convoca y nos apelotona en un estadio, en un parque y hasta en un teatro; cantamos con él, formamos el coro más grande y espontáneo del mundo, creamos un monstruo que se mueve y ruge y nos une. Cuando salimos a pelear, cosa bastante cotidiana a lo largo de nuestra historia, lo hacemos con nuestras canciones, nuestros bombos, nuestra música. Nos plantamos y hacemos una fiesta. Por más hambre que haya, por más injusticia que nos subyugue, cantamos y saltamos y hacemos ruido para que nos escuche el traidor de turno escondido tras las ventanas.
    Como se ve, es cosa común que andemos así por la vida, bajo muy diversas circunstancias. Pero la vida moderna se opone a esas cosas. Se opone a que la gente se junte, a que la gente se exprese verdaderamente. Nos prefiere mandando mensajitos de texto en los restaurantes y en los cines, nos prefiere encerrados en un ciber o frente a la tele. Y nosotros nos mandamos mensajitos para juntarnos y en la tele y en el ciber vemos las imágenes de nuestras juntadas y hacemos culto de esa característica nuestra que tanto amamos.
    ¿A qué viene todo esto?

    Nos quieren matar el fútbol...
    Un par de chorros que ostentan el control de las estructuras y quieren que Europa sea todo el globo están decidiendo que tenemos que estar todos sentados, callados. Como en el cine, como en la tele. Dicen que somos violentos, que la culpa de la violencia es nuestra fiesta. Mientras tanto, ellos arreglan campeonatos, roban partidos, roban jugadores, roban ilusiones y nos matan el fútbol. Transan entre ellos y con la policía y con los criminales. Nos matan a palos, nos corren como a perros. Nos venden las entradas en condiciones lamentables, nos amontonan como a vacas en la tribuna y en la fila de acceso. Nos hacen mear en pozos fétidos y llenos de moscas y mierda en las paredes. Pero los violentos, los animales, somos nosotros.
   
    Por eso abro esta convocatoria: hinchas de América: ¡¡todos de pie!!.

Hollywood en la historia y la ficción

¿Cómo sería?

        Si  en algún futuro, donde nuestro género no se conozca como tal, y ya sean entes cósmicos o futuras sociedades, encuentren como nuestros únicos vestigios no una biblioteca, no un acervo fotográfico, sino lo revelado en un videoclub de hoy cinco de abril.

       Se dice que los que escriben la historia de "esta historia" son aquellos que vencen en las guerras, pero… ¿qué revoltijo sería del modo arriba expuesto?. Será que algún día nuestras ficciones nos ganen la ofensiva.

Sincretismo en LATAM

    El sincretismo hace referencia al sistema filosófico integrado por elementos que son fruto de la unión y conciliación de doctrinas distintas. Comúnmente se entiende que estas uniones no guardan una coherencia sustancial. También se utiliza en alusión a la cultura o la religión para resaltar su carácter de fusión y asimilación de elementos diferentes.
    Etimológicamente, la palabra proviene del griego antiguo sinkretismós, "coalición de dos adversarios contra un tercero", en alusión peyorativa a los cretenses, a quienes los griegos consideraban traicioneros. También se puede denominar sincretismo a una fe que combina elementos de dos creencias religiosas distintas.     A veces el sincretismo ocurre como parte de un proceso de aculturación, cuando un pueblo dominado trata de adaptarse a la cultura colonial.
    Fuente:  Wikipedia, la enciclopedia libre


    El sincretismo en el ámbito cultural en nuestros países latinos, da inicio de forma masiva  justamente en el momento en que los Españoles colonizan el Nuevo Mundo, esto, fue difícil de lograr y no por medios pacíficos a través de muchos siglos, a la fecha seguimos teniendo un proceso de sincretismo; en sí, todas las sociedades y culturas sufren una integración a manera de globalización en todos los ámbitos, sentidos e interpretaciones; podría considerarse que la globalización es sincretismo a gran escala.
    En la América Latina actual, se han ido modernizando las tendencias, las técnicas de elaboración de diferentes cosas (manufactura, arte o ciencia), eso pasa y pasará con todas las naciones del mundo.
    Un buen ejemplo de sincretismo cultural es, la integración del pensamiento rural y el citadino. En décadas pasadas era notoria en una ciudad cualquiera, una persona proveniente de una población rural, debido a su acento, sus costumbres, su forma de vestir y actuar. De igual forma en una población rural, era reconocible una persona que provenía de una ciudad, grande o chica. Actualmente esas diferencias han menguado significativamente: gracias a las vías de comunicación, ahora es muy difícil hallar una población realmente incomunicada y que vista sus atuendos de origen; en las poblaciones rurales ahora es muy común la cocina con estufa de gas licuado, dejando prácticamente a un lado el tradicional fuego de leña. También en la forma de hablar se van homologando las locuciones, siendo prácticamente imperceptibles las diferencias en la forma de hablar,  de los jóvenes sobre todo, que habitan en diferentes regiones de su Estado o País. Claro, aún existen muchas diferencias entre las personas, pero poco a poco nos vamos equiparando en la forma de pensar, vestir y actuar.
    Con el tiempo, todo va integrándose por naturaleza. Ejemplificando, en México que es donde vivo, los Estados del norte, dueños del 60% de la industria, mejoran en el aspecto artístico; los sureños aprendemos a hacer industria; los del centro siguen siendo gente abierta e interdisciplinaria. Cambiando así la frase que dice: El sur sueña, el centro piensa, y el norte actúa. El sincretismo es un cambio constante.
    Otro buen ejemplo de sincretismo es la manera en que el Mexicano lleva su religión, que, aunque ha habido una dispersión en cuestión de doctrina, mucha gente ahora es creyente, y sigue las conocidas leyes católicas, aunque enfocándose a otro tipo de culto, no precisamente religioso. La forma de sincretismo en este caso es que debido a la diversidad de problemas sociales y económicos, toda persona tiende a buscar refugio en una fe, sea cual fuese el sitio, lugar o iglesia. Recordemos que por muchos años, debido a la abundancia que tuvo México, la gente fue perdiendo el piso y no tenía la necesidad de pensar en lo divino, o la fe. Y para no hacer el cuento demasiado largo, ni especifico, y con riesgo a que se me considere un globalizador, concluyo con el pensamiento de que el sincretismo cultural, religioso, o de cualquier tipo, solo es la manera en que nos vamos adaptando a nuestro medio ambiente, por lo menos, es mi humilde opinión.

Y ahora posteamos dos...