Las mentiras
Lo que se solicita desde las comunidades es claro: la devolución de los niños del Llullaillaco "extraídos y profanados de su hábitat natural". Tanto el cacique Miguel Siares, los representantes de la Bibliotecas Indígenas de Salta, Kuntur Aramayo, y de Jujuy, Yachachej Wanha Wilka, opinan que "los niños estaba vivos y fueron muertos al ser desenterrados". Lo que puede llamar la atención del pedido es que, al tiempo que se exige que se devuelvan los niños, no se niega la posibilidad de que éstos sean estudiados. Por un lado los llaman "sus hermanos menores" y por otro exaltan las bondades del clima de Tolar Grande para su mejor conservación. Ante paradojas como esta cabe cuestionarse seriamente cuáles son los propósitos de estos personajes. Tampoco conviene perder de vista algo que oportunamente señalara Antonio Mercado, director del Museo de Cachi al respecto de esto: "Ojo, de repente puede haber un inescrupuloso enfrente de la comunidad que permita estas cosas como para tranquilizar y está prendido con los otros; donde hay un oprimido siempre hay un opresor ¿o no?". Prendido o no, el reclamo es contundente y claro en más de un aspecto; por ejemplo cuando se denuncia una destrucción de la cultura, cuyos valores se trastocan con explicaciones cientificistas que desde el vamos hablan de "superstición" o "sacrificio humano"; cuando en realidad fueron pensados en términos de "tributo" en pos de una "convivencia armoniosa entre el Cosmos y la Naturaleza". Son las propias comunidades que niegan que se trate de un hallazgo, sino de "una profanación, porque esa sepultura se realizó hace más de quinientos años por nuestros antepasados y por formar parte de nuestro patrimonio cultural debería ser respetado y protegido", en palabras de Siares, quien considera que el Gobierno salteño debería dejar a los niños en el lugar donde fueron hallados. El punto de vista que se tome para comprender la cuestión es un eje fundamental: nunca se podrá entender el reclamo de Siares y compañía si se cree, como reza una canción de Humahuaca Trío, que "indios ya no hay más". Una concepción estática de la cultura indígena los estanca en el pasado y les niega la posibilidad de nuevas concepciones e ideas, que redundarían en una adaptación a los tiempos actuales. De su parte y de la nuestra. Pero indios quedan -y muchos- y deberían ser dueños de decidir qué hacer con los vestigios de sus ancestrales creencias y ritos. |

