Febrero del 2007
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Antonio Mercado es casi antropólogo; estudió la carrera en la UNSa pero no se recibió porque "no le gustan los arqueólogos". En 1999 fue invitado a participar de las expediciones comandadas por Johan Reindhart que culminaron con el hallazgo de los Niños del Llullaillaco; al año siguiente fue nombrado Director del Museo de Cachi. Hoy, a 8 años de la expedición, cuenta algunos detalles perturbadores y hasta ahora desconocidos, como el uso de evidencia "tendenciosa" para justificar la excavación en la cumbre del Volcán. A continuación, el relato de la expedición en sus palabras.
A mí me llama la Provincia, cuando Johan Reindhart presenta los proyectos para trabajar tres montañas: El Chañi, el Quéhuar y el Llullaillaco. El proyecto consistía en revisar estas cumbres y, si presentaban evidencias de huaqueo, se iba a realizar las acciones de rescate correspondientes. Hasta ahí estaba de acuerdo: es una tarea difícil y hubiera sido muy loable su propósito.
Se llegó primero a la cumbre del Quéhuar y estaba dinamitada desde hacía más de veinte años. Alguien fue buscando tesoros y no tuvo mejor idea que sacarlo con cartuchos de dinamita, esa fue la actitud del buscador. En esa circunstancia se hizo el rescate, yo estuve muy de acuerdo: todo estaba muy frágil y se iba a perder en cualquier momento. Encontramos las ofrendas, papel de cigarrillo, cartuchos y sacamos el cuerpo de una nena de ocho años, a la que le faltaban los hombros, el cuello y la cabeza. Retiramos lo hallado y lo bajamos, era verdaderamente un rescate desde cualquier perspectiva: a partir de eso podíamos hacer muchos trabajos científicos.
De ahí nos quedaban el Chañi y el Llullaillaco: del primero sabía yo que arriba había cuerpos, ya había andado por ahí y los había visto. Pero la segunda era el Llullaillaco, que es la más alta, con más de 6.700 metros. Es una mole tan alta, tan inaccesible, que cuando empezamos a caminar me di cuenta que ahí nadie había tocado nada. Había gente que había llegado a la cumbre, montañistas, pero nadie había ido a cavar. Cuando llegamos, junto a dos compañeros –Alejandro y Cristian- dijimos: "bueno, aca no vamos a hacer nada, vamos para el Chañi". Reindhart dijo "no, acá vamos a excavar, porque vos viste que el cementerio –que está en la base, a 4.400 metros- estaba huaqueado". Si, es cierto, estaba huaqueado, pero hay unos 2.300 metros de altura, que en trayecto horizontal son muchos más. Además no tenés pueblos en el medio, no hay nada, el habitante más cercano, en Socompa, está a más de 70 kilómetros.
El encontró la prueba –tendenciosa- de huaqueo en el cementerio y subió. Dará cuentas a su conciencia, quedará a su criterio y el de los funcionarios de la Provincia. Yo creo que, a la larga o a la corta, todo esto entra a jugar dentro tuyo: te moviliza y está en vos aprender o no aprender lo que te pasa en la vida. A mi no me llena de orgullo ni nada.
"Bueno -dijo- vamos a excavar" y ahí arrancaron las peleas: nosotros dijimos que no. Entonces nos fuimos del lado chileno con un colega peruano a excavar un fuego, que le servía para una tesis que tenía. Mientras excavábamos el círculo de piedra este, recogiendo muestras de carbón y viendo el perfil de la construcción, etc; los demás estaban meta pico y pala en la cumbre. Éramos cuatro en contra y siete a favor; estos siete estaban ensañados no sabían si iban a encontrar algo pero no se podían ir con las manos vacías; imaginate: la expedición arqueológica más alta del mundo y la camarita de la National Geographic... y encontrar lo que encuentres.
Creo que Reindhart jamás soñó con encontrar nada, de hecho ni excavó: tenía su séquito de laceradores ahí a pico y pala y el filmaba y fotografiaba. Y puso la plata, claro.
Un día nos llaman a comer; a comer sí que nos juntábamos y de paso nos puteábamos. Nosotros queríamos desestabilizarlos, desalentarlos y obligarlos a volver. Pero ya habían arruinado la mitad de la cumbre. Ese día estábamos con mi colega –Rudy- y, entre broma y broma, le digo: "ustedes lo peruanos no tiene ni idea, son malísimos: meten pala sin saber lo que buscan". Para esto ya habían sacado un cuerpo, el del niño. Entonces agarro la masa, siguiendo con la broma y le tiro un mazazo, que el esquiva y va a dar al suelo. Ahí el suelo congelado se parte, o sea que algo había enterrado. Le dije a Rudy "sea lo que sea, lo sacamos nosotros". Empezamos a excavar y a los 60 centímetros encontramos una pluma, lo que me hizo pensar que era una estatuilla. Después salió de golpe todo ese tocado de plumas y me asusté mucho. Así encontramos a La Doncella.
Foto: Antonio Mercado (de rojo) transportando uno de los cuerpos. Enlaces: Cómo cuenta la noticia el MAAM Rejunte de notas Proyecto de Declaración, en la Cámara de Diputados de La Nación. |
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"... Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica de la prensa local."
Eduardo Galeano; Los Nadies.
| No le hubiera sobrado una línea más a esta hermosa historia de Galeano; quizás podría rezar: "Que no tienen deudos, sino momias". Algo se había adelantado en la nota anterior sobre los reclamos que las distintas comunidades del departamento Los Andes (donde se encuentra el Volcán Llullaillaco) habían realizado sobre la extracción de las momias. Los que estamos de acuerdo con sus reclamos nos hacemos más eco que los responsables de darles lugar. Lo que se solicita desde las comunidades es claro: la devolución de los niños del Llullaillaco "extraídos y profanados de su hábitat natural". Tanto el cacique Miguel Siares, los representantes de la Bibliotecas Indígenas de Salta, Kuntur Aramayo, y de Jujuy, Yachachej Wanha Wilka, opinan que "los niños estaba vivos y fueron muertos al ser desenterrados". Lo que puede llamar la atención del pedido es que, al tiempo que se exige que se devuelvan los niños, no se niega la posibilidad de que éstos sean estudiados. Por un lado los llaman "sus hermanos menores" y por otro exaltan las bondades del clima de Tolar Grande para su mejor conservación. Ante paradojas como esta cabe cuestionarse seriamente cuáles son los propósitos de estos personajes. Tampoco conviene perder de vista algo que oportunamente señalara Antonio Mercado, director del Museo de Cachi al respecto de esto: "Ojo, de repente puede haber un inescrupuloso enfrente de la comunidad que permita estas cosas como para tranquilizar y está prendido con los otros; donde hay un oprimido siempre hay un opresor ¿o no?". Prendido o no, el reclamo es contundente y claro en más de un aspecto; por ejemplo cuando se denuncia una destrucción de la cultura, cuyos valores se trastocan con explicaciones cientificistas que desde el vamos hablan de "superstición" o "sacrificio humano"; cuando en realidad fueron pensados en términos de "tributo" en pos de una "convivencia armoniosa entre el Cosmos y la Naturaleza". Son las propias comunidades que niegan que se trate de un hallazgo, sino de "una profanación, porque esa sepultura se realizó hace más de quinientos años por nuestros antepasados y por formar parte de nuestro patrimonio cultural debería ser respetado y protegido", en palabras de Siares, quien considera que el Gobierno salteño debería dejar a los niños en el lugar donde fueron hallados. El punto de vista que se tome para comprender la cuestión es un eje fundamental: nunca se podrá entender el reclamo de Siares y compañía si se cree, como reza una canción de Humahuaca Trío, que "indios ya no hay más". Una concepción estática de la cultura indígena los estanca en el pasado y les niega la posibilidad de nuevas concepciones e ideas, que redundarían en una adaptación a los tiempos actuales. De su parte y de la nuestra. Pero indios quedan -y muchos- y deberían ser dueños de decidir qué hacer con los vestigios de sus ancestrales creencias y ritos.
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Parte I. Las noticias
Algunos años atrás, allá por 1999, se dio a conocer de forma espectacular una noticia que hablaba del hallazgo de tres momias incas en la cumbre del Volcán Llullaillaco, en la provincia de Salta. Los cuerpos pertenecían a tres niños de entre 6 y 13 años y presentaban un extraordinario estado de conservación. Habían sido depositados allí hacía más de 500 años, en un rito de suma importancia para las culturas andinas que por ese entonces dominaban la región. La expedición fue dirigida por el arqueólogo Johan Reindhart, filmada íntegramente por la National Geographic y presentada como "la expedición arqueológica más alta del mundo", ya que la cumbre del Lullaillaco está a más de 6.700 metros sobre el nivel del mar. Los llamados "santuarios de altura" son el fetiche de la arqueología moderna: además de la cumbre del Llullaillaco se explotaron la del Chañi y Quéhuar, se conoce además evidencia de que el Aconcagua sería otro de estos lugares sagrados de los Incas. Tanta espectacularidad no acaba aquí: el Gobierno de la Provincia erigió en pleno centro de Salta un local dedicado exclusivamente a la exhibición de los hallazgos: El Museo Arqueológico de Alta Montaña costó varios millones de pesos y hasta tiene una completa página web (www.maam.org.ar). Tanto ruido no llegó a tapar las voces que se levantaban en contra de este atropello: desde la cercana comunidad de Tolar Grande y asociaciones por los derechos indígenas se puso el grito en el cielo en contra de la manipulación y exhibición de los Niños del Llullaillaco, que fueron sacrificados y puestos a descansar allí por sus ancestros. Pese a las reiteradas protestas, poco pudieron hacer al respecto: los niños fueron fotografiados, estudiados de la manera "menos invasiva" posible, exhibidos y vueltos a congelar en heladeras sofisticadísimas. En los documentales que se exponen en el MAAM, los especialistas salen en pantalla visiblemente excitados, hablando de ellos como una mercancía o, con mejor suerte, un animal exótico. Actualmente, museos de todo el país, incluyendo el de La Plata; están tomando medidas en contra de la exhibición de restos humanos, a pedido de distintos foros que luchan a favor de los derechos de los pueblos originarios. En la segunda y tercer parte de esta breve reseña daremos cuenta de los reclamos asociados a esta expedición y otros detalles de su concreción. Enlaces de interés: Dónde queda el Llullaillaco (Para ver en Google Earth) Museo Arqueológico de Alta Montaña Museo de Antropología de la Provincia de Salta Blog Cerros Americanos :: Bitácora de un ascenso al Llullaillaco.
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