A
primera vista puede parecer trivial, pero creo que el puntal de la
identidad es el nombre. La identidad se forma a partir de quiénes somos
para diferenciarnos de los demás. Si a nuestro propio nombre nos lo
impone un tercero, el vencedor, estamos frente a un problema. Si el
significado de este nombre es fuente de contradicción y conflicto, el
problema es más grave.
El problema es un camino, y ruta 40 es un camino, vamos a desandar ambos.
Como todos sabemos –o creemos saber- al nombre de nuestro continente,
América, se lo debemos al navegante italiano Américo Vespucio. Me
pregunto ¿“gran” navegante? Llevando adelante esta investigación me
topé con una serie infinita de mentidas y desmentidas acerca de la vida
y obra del Almirante Vespucio (o Vespucci). Se discute si era autor de
sus famosas "cartas" o "narraciones"; si realizó todos o alguno de sus
viajes, si descubrió el Río de la Plata, si descubrió las Malvinas…
Incluso llegué a leer por ahí que ni siquiera se llamaba Américo.
A decir de José Steinsleger (Escritor y periodista argentino, que
escribe y publica para varios medios del continente), no solo el nombre
América puede ponerse en discusión. Lo propio ocurre con el de
Vespucio, que originalmente se llamaba Albérico y lo habría cambiado
por el de Américo en honor a cierto boom minero que se dio, allá por el
año 1502, en la Cordillera de Amerrique, en Nicaragua. |
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Pero
lo importante acá no es como se llamaba Américo sino América. Y es
precisamente Amerrique (“Tierra de los vientos” en Maya-Quiché) el
inicio de un camino que se inicia con la denominación de una cadena
montañosa que es la divisoria de aguas de Nicaragua. Luego se traslada
a don Américo Vespucio y, cientos de años más tarde, pasa a constituir
el nombre de todo el continente que “descubrió” Colón.
Existe un debate que se está dando actualmente en torno al nombre
“América”. No se trata por cierto de su origen, sino a cuestiones que
tienen más que ver con una reivindicación. Se discute específicamente
si corresponde llevar el nombre que los vencedores impusieron al
continente, en lugar de las opciones nativas. Así es como se proponen
nombres que van desde Ixachilan, de origen azteca, hasta Runa Pacha (en
Quiswa). El problema que tienen este tipo de nombres es que designan en
lengua autóctona al “mundo conocido” o los dominios territoriales de
cada una de estas etnias y no a todo el continente.
Finalmente en torno a esta disputa se está llegando a un grado de
consenso, al acogerse la propuesta elevada por el líder de la etnia
Aymara Takir Mamaní: llamar a este Continente “Abya Yala” en lugar del
nombre impuesto por los sucesivos conquistadores.
La denominación propuesta significa “Tierra madura” en dialecto
Kuná, de la etnia del mismo nombre, que habita actualmente Panamá. Es
la forma a la que tradicionalmente se han referido –incluso antes de la
llegada de los españoles- para hablar del continente.
La propuesta de Takir Mamani es que todos los indígenas lo utilicen
en sus documentos y declaraciones orales. "Llamar con un nombre
extranjero nuestras ciudades, pueblos y continentes -argumenta él-
equivale a someter nuestra identidad a la voluntad de nuestros
invasores y a la de sus herederos".
Fuentes: http://www.altaalegremia.com.ar/s_publica/DIALOGO%20INTERCULTURAL.htm
http://hunnapuh.blogcindario.com/2005/11/00358-a-m-e-r-i-c-a.html http://hunnapuh.blogcindario.com/2005/11/00359-a-m-e-r-i-c-a-ii-la-polemica-comienza.html http://hunnapuh.blogcindario.com/2005/11/00360-a-m-e-r-i-c-a-la-polemica-contraataca.html http://www.jornada.unam.mx/2005/10/12/028a1pol.php
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