12 de Diciembre, 2006


Una de Don Ata

    "Corre sobre las llanuras, selvas y montañas, un infinito viento generoso.
    En una inmensa e invisible bolsa va recogiendo todos los sonidos, palabras y rumores de la tierra nuestra. El grito, el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los hombres, los montes  y los pájaros van a parar a la hechizada bolsa del Viento.
    Pero a veces la carga es colosal, y termina por romper los costados de la alforja infinita.
    Entonces, el viento deja caer sobre la tierra, a través de la brecha abierta, la hilacha de una melodía, el ay de una copla, la breve gracias de un silbido, un refrán, un pedazo de corazón escondido en la curva de una vidalita, la punta de flecha de un adiós bagualero.
   
Por eso hay que hacerse amigo, muy amigo del viento. Hay que escucharlo. Hay que entenderlo. Hay que amarlo. Y seguirlo. Y soñarlo. Aquel que sea capaz de entender el lenguaje y el rumbo del Viento, de comprender su voz y su destino, hallará siempre el rumbo, alcanzará la copla, penetrará en el Canto". 

Atahualpa Yupanqui. El canto del viento