Ruta 40 no es lo único que se termina.

Qué lindo embarrarse en engrudo, martillarse los dedos y juntarse. Boludear, trabajar, inventar, pelearse y boludear. De más chiquitos a pedir monedas; increscendo: los más grandecitos a comprar el picante y, ya adulto, abocado a las tareas de construcción e ingeniería (polenta).

Mate va, mate viene; gaseosa de quince litros -por las rellenadas, viste-, el calor. La lluvia que se viene, al final no viene. Que chusmeen el pronóstico por las dudas. Que duerma el auto afuera pero el muñeco a buen resguardo.

 Y entre tanta cosa, una tradición de cincuenta años, unos campeones de rugby y estos monumentos a lo efímero, homenaje que recrimina desde la impotencia por lo rápido, lo increíblemente rápido que se pasan los años.