Mientras la gilada se babea en Halloween… El Día de Todos Los Santos es una fiesta religiosa que se celebra en muchos países de tradición cristiana. No es que acá se celebre, pero bueno, figura en el calendario… Este dia está dedicado a todos aquellos Santos que no tienen su propio día en el almanaque. De aquí que las matemáticas –implacables- nos dicten que hay más Santos que días en el año (A todas estas cosas las preveía –seguramente- el calendario Maya (¿?)-. La fecha elegida era inicialmente el 13 de Mayo. Así fue establecida por el Papa Bonifacio IV que, en el año 609 o 610, “consagró el "Panteón de Agripa" al culto de la "Virgen y los mártires", comenzando así una fiesta para conmemorar a esos santos anónimos, desconocidos por la mayoría de la cristiandad, pero que por su fe y obras, son dignos de reconocimiento y veneración por toda la humanidad”. Un siglo después, el Papa Gregorio III la cambió por el 1º de noviembre para hacerla coincidir con Samhein, una fiesta de tradición pagana –Celta, más precisamente-, como parte de una política marketinera. Lo que se intentaba era hacer más factible la conversión al cristianismo de estos pueblos, y parte de esta política se sustentaba en acciones como esta. Aquí mismo, en nuestra Latinoamérica, ocurrió y ocurre lo mismo con muchas fiestas, entre ellas el carnaval.
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El “Día de los Fieles Difuntos” es originalmente una celebración de la Iglesia que se lleva a cabo el 2 ó 3 de noviembre. Consiste en la doctrina de que las almas, una vez abandonado el cuerpo, nada pueden hacer para buscar su redención y llegar al paraíso. Entonces, desde la tierra, sus familiares y amigos se abocarán a la oración para interceder por él. En el Norte de nuestro país es un día no laborable y adquiere rasgos propios. Comienza a celebrarse desde el 1ro. de noviembre, cuando se prepara una serie de ofrendas a los deudos que cada familia tiene. Consisten en comidas, bebidas, cosas que le gustaban al difunto, y permanecen servidas por 24 horas. Según la tradición, le corresponde a parientes, amigos y vecinos degustar aquello “que no se llevó el almita”. Luego del almuerzo se concurre a los cementerios a dejar flores y panes a los difuntos, y participar de las misas. Más habitual es la costumbre de dejar un plato más en la cena o almuerzo, o de cocinar aquél plato que le gustaba al muerto. Muchas veces pierde el carácter parco que tienen las celebraciones mortuorias en nuestra cultura y adquiere algunos rasgos alegres al comentar anécdotas o hacer girar todas las conversaciones del día en torno a la persona querida que ya no está. Otras costumbres asociadas a este día se practican en Misiones, donde las familias concurren al cementerio a comer asados.
Nos parece hermoso, cosa de Mandinga ¡o de García Márquez!
El origen de estas celebraciones se encuentra una vez más en el mestizaje cultural del que provenimos, de la singular apropiación que los habitantes de estas regiones hacen de las fiestas católicas y las mezclan con sus propias concepciones acerca de la muerte y con antiguos rituales que perduran, escondidos, mezclados pero fuertemente arraigados.
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