1 de Septiembre, 2006


La Identidad platense NO EXISTE

    Pido prestado el título al sociólogo y amigo de la casa Pedrito Bourdieu, para referirme a la identidad platense en tanto entidad autónoma e independiente, autogestada y proyectada  hacia la conciencia de los habitantes de la ciudad. En estas condiciones me permito reafirmar lo que ya he dicho: la identidad platense no existe.
   














Bueno ¿tengo tu atención? Entonces te lo confieso: en realidad, si que existe. Pero debe su ser, en primera instancia, a su Universidad. La Universidad es un factor real en la constitución de la Identidad de la ciudad, las facultades a las que año tras año acuden miles de chicos de todas partes del país, en busca de una educación y un futuro. Son miles de vertientes, en forma de abanico, que desembocan en las aguas del Plata y siguen río abajo hacia nuestras costas. Arrastran arena, piedra y sangre; y sus sedimentos se acumulan en nuestra conciencia: son el barro que forma nuestra identidad como ciudad.
    Hasta acá, el romanticismo. A partir de ahora, lo trágico. Porque estas miles de identidades son negadas y olvidadas y, casi con vergüenza, se transforman en mera anécdota de un lugar lejano, borrosamente ubicado en el mapa y difícilmente recuperado.
    La identidad de la ciudad -la que no existe- se construye entonces a partir de un mito: una suerte de espíritu legado por Dardo Rocha, Joaquín V. González, de neto corte elitista; capaz de albergar a genios como Sábato; masivos e incomprendidos como Federico Moura o ídolos populares como Los Redonditos de Ricota. Estudiantes y Gimnasia; o la Catedral y la Municipalidad, réplicas de un modelo que viene de Europa.
    Entonces se termina pensando la identidad platense como un ente estático, como mera reproducción de la idea de los fundadores que, como fieles representantes de la generación del 80, querían un país a imagen y semejanza de las grandes potencias del viejo continente. Sin embargo la identidad –cualquier identidad- es un ente complejo, dinámico y conflictivo y se transforma día a día: no se puede congelar, no se puede comprender en el vacío y –fundamentalmente- no se puede negar.

Desde nuestro lugar, Ruta 40, queremos recorrer el camino hacia esa identidad.